Testimonio de Jordi de Alicante. Víctima de los antipsicóticos.

RESUMEN.

Jordi es un joven de 35 años que vive en la comunidad Valenciana, en la costa este de la península Ibérica, que a pesar de los problemas emocionales que ha tenido y a pesar de ser víctima de la psiquiatría ha conseguido terminar su carrera universitaria y está en búsqueda de trabajo. El se define a sí mismo como una persona psicosensible y con problemas para establecer relaciones sociales. Lo que explica mucho de los problemas emocionales que ha tenido.

Las drogas psiquiátricas, en concreto los antipsicóticos le han producido graves problemas de memoria hasta el punto de que tuvo trastornos del lenguaje. Estos problemas en el habla los tuvo durante meses y fueron muy graves. Además los antipsicóticos le producían acatasia, que es una de las enfermedades más graves que puede producirte un antipsicótico, que es un nerviosismo en todo el cuerpo, que a la mayoría de las personas les lleva a caminar sin parar por la habitación para intentar de alguna manera aliviarlo. Y que puede durar horas o ser permanente. La acatasia puede producir temblores continuados en las piernas.

Además de estos problemas. El abilify un antipsicótico muy usado por los psiquiatras le provocaba insomnio.

Jordi tiene problemas para comer ya que tiene dificultades para tragar provocadas por el antipsicótico. Al igual que otras muchas víctimas de la psiquiatría cuando los antipsicóticos empezaron a producirle daños en su salud recibió akineton, un medicamento que se usa para evitar alguno de los efectos adversos de los antipsicóticos, que es un fraude de medicamento, que no funciona, y que es otro invento de la psiquiatría para seguir drogando a las personas y que es tan solo una excusa pseudocientífica para poder seguir medicando a una persona pese a que el antipsicótico que toma daña gravemente su salud física. Sus problemas emocionales se hubieran resuelto con la ayuda de un psicólogo, la psiquiatría solo le ha traído más problemas y más sufrimiento.

DROGAS PSIQUIÁTRICAS TOMADAS.

Primero. Risperdal. 6mg.. Segundo tratamiento. Invega. 9mg. Tercer tratamiento. Abilify. Inyectable. 400 mg. Cuarto tratamiento. Olanzapina 20mg al dia. Quetiapina. Quinto tratamiento. Xeplión 350 mg.

TESTIMONIO DE JORDI (Alicante, España).

Como antecedentes al primer episodio comentar que se produjo por una experiencia traumática con ciertas personas que no me inspiraban confianza y que usaban una comunicación con indirectas sospechosas. Esto hizo que aumentaran mis sospechas basadas en pequeños detalles (un gesto, una frase o mensaje con segundas intenciones), y unido a un acoso puntual, llegó al punto de producirme un miedo muy fuerte, tan fuerte que me hizo perder el juicio. En ese momento mi atención se vio afectada por cualquier pequeño detalle, que al principio tanta importancia tenía con los individuos de los que sospechaba, y que a partir de esa experiencia traumática empecé a magnificar sin control cualquier pequeño detalle, los cuáles alimentaban temores inconcretos relacionados con estas personas que tanto miedo me produjeron.

Mi familia vio mi estado y decidieron enviarme al psiquiátrico sin avisarme, y eso empeoró la situación, alimentando mis temores inconcretos por no entender por qué acabé allí, era presa de las circunstancias y el miedo no me permitía interrumpir los acontecimientos, puesto que cada acontecimiento nuevo retroalimentaba mis temores inconcretos.

Una vez dentro del psiquiátrico el miedo se agudizó. Si los psiquiatras hubieran sido eficaces con una intervención sensata y mediante el diálogo, con seguridad me habría recuperado de lo que fue una crisis de pánico, pero me diagnosticaron descompensación psicótica, y me administraron:

-1er ingreso. Medicación: risperdal, 6 miligramos al día, antipsicótico que me producía una incapacidad para pensar con claridad, donde la fluidez del pensamiento estaba obstaculizada, y me iba incapacitando para recordar conceptos con cierta complejidad intelectual, sensaciones muy desagradables. Además, también me produjo rigidez y dificultad para comer y tragar, efectos muy desagradables y humillantes que me hicieron sufrir muchísimo. Me daban akineton 1g para contrarrestar efectos secundarios, pera era inútil.

Por otro lado sufrí la coerción verbal forzosa por parte de los médicos para la toma de antipsicóticos, que tanto sufrimiento me producía, y por mucho que intentara negarme, era ignorado, añadiendo el estado intelectual incapacitante que te somete los antipsicóticos para poder expresar mi postura y defenderme ante una violación de derechos, tanto por la coerción como por la privación de libertad de expresión que te sometía la medicación, además de la privación de vivir dignamente, porque la calidad de vida era penosa.

Luchando pude conseguir dejar la medicación, pero lamentablemente tuve posteriores recaídas, no sé si debido a la medicación, pero hay indicios de que los antipsicóticos pueden favorecer las recaídas. Me diagnosticaron esquizofrenia, pero yo no me siento así, soy psicosensible en momentos puntuales, pero el resto del tiempo estoy normal. En las posteriores recaídas, en intervalos entre cada una de unos 9-12 meses:

-2a recaída. Medicacion: invega 9mg al dia, akineton 1g(para contrarrestar efectos secundarios, pero era inútil); Efectos secundarios: dificultad para comer y tragar, rigidez, estado zombificado, coerción verbal forzosa para obligarme a seguir el tratamiento, ignorando el sufrimiento que padecía.

-3a recaída. Medicación: abilify inyectable 400mg cada mes; Efectos secundarios durante el tratamiento: acatisia, insomnio, pulso acelerado; Efectos secundarios después de abandonar el tratamiento: dificultad para recordar cosas recientes, dificultad de concentración, y la peor el no poder hablar, comunicarme con frases simples y poco elaboradas, hasta llegar días que solo podía pronunciar monosílabos, y fue durante meses la agonía y tortura.

-4a recaída. Medicación: Olanzapina 20mg al dia. Quetiapina. (Me negaba pero me forzaron a tratarme); Efectos secundarios: zombificación, fluencia del lenguaje afectada, me trababa

-5a recaída. Medicación: Xeplión 350 mg inyectable (usaron la fuerza ante mi negativa). Risperdal 6 mg al día; Efectos secundarios: Insomnio, pérdida de memoria de cosas recientes, falta de concentración y la peor acatisia, una angustia tan insoportable que me me hacía recurrir a pensamientos suicidas con mucha frecuencia, y a no tolerar el estrés.

Era una constante de que los médicos usaran la coerción verbal para que siguiera el tratamiento, y justificándose para evitar más recaídas, pero la tortura que suponía mantenerte un zombie era inhumano, con dosis desproporcionadas, el fin no justifica los medios, no la vale pena vivir bajo una represión mental que mantiene una mente inerte, eso no se le llama tratamiento por medicación, eso es una tortura por intoxicación, eso es crucificar psicológica y mentalmente a las personas, eso es condenar al sufrimiento perpétuo, eso es abusar de la incapacidad mental para oponerse a una privación de libertad, eso, no tiene perdón. Hasta he recibido tratos discriminatorios y denigrantes por parte de médicos, acusándome de ser una amenaza por no tomar la medicación, o con insinuaciones de ser peligroso, cuando lo que represento para ellos es un diagnóstico, un saco de síntomas, cuando no me conocen, sin haber sido violento nunca en mi vida, ni aun cuando tenía brotes ni en los ingresos. Es indignante, es inaceptable.

Actualmente tengo una angustia psicológica muy fuerte, con la autoestima muy baja y sin confianza, haciéndome sentir nulo para ser capaz de trabajar, y con tendencia al aislamiento social por la dificultad para poder comunicarme y relacionarme, todo debido a las secuelas de la medicación, por el estigma social que provocan los diagnósticos, y por la incompresión y coerción recibida por los médicos.

Es ofensivo y deshonesto que los psiquiatras se tomen su profesión con filosofía asumiendo la contradicción de usar malas prácticas por el bien y la salud del paciente, cuando se están aplicando métodos basados en teorías obsoletas y con escasa evidencia científica, siendo la única evidencia que existe la ineficacia de las drogas psiquiátricas y el daño cerebral que producen. Deberían reconocer su incapacidad para tratar a los pacientes psicosensibles y abandonar sus métodos para, o revolucionar la psiquiatría, o retirarse del ejercicio de la medicina.