El internamiento a la fuerza es un crimen de lesa humanidad.

Internamiento a la fuerza, de Tomas Szasz.

Aquí recogemos la opinión de un psiquiatra extraída de la obra de Tomas Szasz, que es uno de los pocos psiquiatras que a lo largo de la historia ha defendido los derechos humanos. Que en nuestra cultura sea normal encerrar al que llaman enfermo mental, no quiere decir que sea legal o moral. De hecho encerrar a alguien que no ha cometido un delito por tener una discapacidad, que generalmente es temporal es un delito que viola las constitución española por mucho que la gente quiera decir que no. Aquí te dejo con estos fragmentos que pretenden explicar de manera sencilla lo que pensaba Szasz.

Tomas Szasz.
La internación involuntaria en hospitales neuropsiquiátricos es un crimen de lesa humanidad. Desde hace cierto tiempo vengo sosteniendo que la reclusión involuntaria de personas en establecimientos de salud mental es una forma de encarcelamiento; que tal privación de la libertad es contraria a los principios morales encamados en la Declaración de la Independencia y la Constitución de Estados Unidos; y que representa una clara violación de los conceptos contemporáneos acerca de los derechos humanos fundamentales. La costumbre de que hombres «sanos» encarcelen a sus congéneres «insanos» en «hospitales para enfermos mentales» es comparable a la de los blancos que esclavizaban a los negros. En otras palabras, considero que la reclusión involuntaria constituye un crimen de lesa humanidad. (…) A mi entender, tanto las sanciones morales informales (el ostracismo, el divorcio) como las jurídicas formales (una multa, una condena de cárcel) son más honorables y menos atentatorias contra el espíritu humano que la pseudo-médica sanción psiquiátrica de internar al sujeto en un hospital. (…) En síntesis: sostengo y afirmo que las pruebas históricas me dan la razón, que ciertas personas son recluidas en hospitales neuropsiquiátricos no porque sean «peligrosas» ni porque estén «mentalmente enfermas», sino porque son los chivos emisarios de la sociedad, cuya persecución es justificada por la propaganda y la retórica psiquiátricas. (…) El supuesto básico de la psiquiatría institucional es que el enfermo mental es inferior, desde el punto de vista psicológico y social, a la persona mentalmente sana. Es como un niño: no sabe qué es lo que mejor le conviene y por ende necesita que otros lo controlen y protejan. Los psiquiatras suelen preocuparse mucho por sus pacientes involuntarios, a quienes consideran, no ya meros «neuróticos», sino «psicóticos», es decir, personas «muy enfermas», y que deben ser atendidas como los «niños irresponsables» que se supone que son. El enfoque paternalista ha cumplido un papel importantísimo en la justificación tanto de la esclavitud como de la internación involuntaria.
(…)
Sostengo, sin embargo, que así como es ignominioso esclavizar a cualquier ser humano, ya sea negro o blanco, musulmán o cristiano, también es ignominioso internarlo en un hospital sin su consentimiento, ya se trate de un depresivo o un paranoide, un histérico o un esquizofrénico.
(…)
Otro autor proesclavista defendía esa institución en 1862 con argumentos fundamentalmente religiosos: «La esclavitud, autorizada por Dios, permitida por Jesucristo, sancionada por los apóstoles, mantenida por hombres buenos de todas las épocas, todavía perdura en una porción de nuestro amado país». Basta con hojear las revistas especializadas en psiquiatría, los semanarios y los periódicos para descubrir que la internación involuntaria en hospitales neuropsiquiátricos es exaltada y defendida de manera análoga.
(…)
Así como el dueño de esclavos podía recurrir al poder de policía del Estado para que lo ayudase a reclutar y mantener a su mano de obra esclava, así el psiquiatra institucional confía en que el Estado le preste su ayuda a fin de reclutar y mantener permanentemente una determinada población de internados en hospitales neuropsiquiátricos.

Desde Libertad y empoderamiento tenemos que decir que estamos de acuerdo con la visión sobre los internamientos que tenía Szasz.

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